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Pablo

Pablo Andres Charfuelan Realpe (Hombre Amarillo)

Hubo una vez… En una tierra lejana y hace lejanos días, Una mujer desposada con un Rey, un hombre de bien.
Tenían ellos dos una hija, y siendo ellos de cabellera rubia ambos, se asombraban al ver los escasos pero muy intensos rojos cabellos de su pequeña hija, era sencillamente algo que ellos no podían comprender.

Un día, después de ver crecer a su pequeña Toñi por cinco años, comenzaron a ocurrir cosas aun más extrañas…Cada vez que llevaban a su hija a pasear por las calles del pueblo, cada árbol se tornaba de color rojizo, hasta alcanzar el rojo de sus cabellos, y cuando el rojo de las hojas era intenso sumamente intenso, caían del árbol y adornaban las calles, era extraño fenómeno, mas hermoso era a los ojos de todo aquel que podía contemplar tan bella obra de arte pintada en las calles.

Desde entonces, los habitantes del pueblo y de muchos otros lugares invitaban a la pequeña Toñi a pasar días en tierras hermosas que deseaban pintar sus calles de rojo. Y a esos días en que la niñita podía visitarles, llamaron Otoño, en honor a la pequeña cuyo nombre desde esos entonces es el nombre de la roja estación, y así, Toñi, la niña del cabello rojo, pasea por las calles de nuestros pueblos, y nos deja verle en las hojas secas, rojas adornando nuestras calles y aceras. Y le amamos por su bondadoso gesto de arte en nuestros ojos siempre ¡Fin!

Quiero dar las gracias a Pablo por tan bonito cuento, yo le llamo cariñosamente el hombre Amarillo…Su color favorito.  Hombre de gran corazón y enorme talento. Siempre te recordaré por este bonito relato, mi querido amigo.

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Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

“El hombre antiguo, y no hablo del hombre de hace dos mil años, hablo de nuestros bisabuelos, sabía que muchos niños morían al nacer, y a veces también sus madres; que había pestes y guerras y virus… El hombre antiguo conocía el sufrimiento, y eso lo hacía mejor. Cosas como la caridad, la compasión, la generosidad, existían porque el hombre que sufre puede ser solidario, sabe que el sufrimiento le puede tocar a cualquiera. Ahora, como creemos que el dolor es para los otros, nadie se preocupa hasta que le toca. Resumiendo: cuando sabes que no hay solución, cuando no te crees eso que dice la gente ahora de «esto no puede ser, esto tiene que terminar…», cuando sabes que el horror puede durar lo que dure, cuando recuerdas que Sarajevo puede durar siete años, que el sida aparece y no hay modo de frenarlo, y que lleva ya muchos años y puede seguir muchísimos más… Cuando compruebas que no hay solución o que si la hay no está al alcance de los hombres, entonces te enfrentas con otro hecho, que la única solución es el consuelo. La `filosofía´. Por eso no nos queda otra que ir a los clásicos, a la Antigüedad, a los viejos maestros, que no solucionan, pero te confortan.”

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